ATRAS

 
 
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Pilates & Tangolates
  Revista: VIVA (Diario Clarín)
  Fecha: Septiembre 10, 2006
"¡Al pan pan y al vino, vino!"
por Tamara Di Tella

 

¿Les conté que hay comidas que afectan nuestro estado de ánimo? Los nutricionistas no hablan mucho de esto, pero que las hay, las hay. Hay comidas que ayudan a tranquilizarnos y otras que nos ponen nerviosos. Bueno, por lo menos esa es mi experiencia personal.

Una vez leí unas estadísticas que me llamaron la atención: una de cada cuatro personas experimentará alguna forma de desorden mental, sea depresión o ansiedad, en algún momento de su vida, y en ocho personas de cada cien, ese estado de ánimo alterado se transformará en un desorden patológico. Maitena, una de nuestras mejores humoristas, lo refleja muy bien en sus tiras cómicas y Almodóvar, el cineasta español, es un genio para mostrar estos estados alterados de personas -por lo general mujeres- en sus vidas cotidianas.

Toda la culpa la tienen tres sustancias químicas qUf están perfectamente identificadas y que se llaman dopamina, norepinefrina y serotonina. Las dos primeras nos dan energía; La serotonina, en cambio, nos tranquiliza. Así que si alguna vez se sienten cansados o desanimados, quizás por ahí anda un desorden con la dopamina o la norepinefrina. Y, si alguna vez tienen ansiedad o están tensionados, quizá por ahí falte un poco de serotonina. Bueno, todo esto es sólo una aproximación, por supuesto, para darles una idea.

La carne nos despierta y nos da energía. Puede ser un bife, o pescado o pollo, no importa cuál, si comemos carne seguramente nos sentiremos más energizados. Las pastas, por el contrario, nos calman. Sea un plato de espagueti, arroz, pan o papa, cualquier alimento con carbohidratos seguramente nos tranquilizará. Para mí, no hay nada mas desestresante que un puré de papas. ¿Y quién no añora (¡ay, si pudiera!) sentarse frente a un humeante tazón de café con leche, con mucho pan y manteca? El café nos da energía mientras que el pan con manteca nos calma los nervios. ¿El resultado? Buen humor.

Pero ¡atención! Las medidas también son importantes. Una cosa es tomarse una buena taza de café caliente, a la mañana para despertarse y otra muy diferente es tomarse siete. Con una estaremos más alertas y listos para comenzar el día, con siete nos temblarán las manos. Lo mismo pasa con los alimentos sedantes. Un whisky cuando cae la tarde puede ayudar a calmar los nervios; siete son un desastre.

Quizás algún día podamos elegit el restaurante que se especialice en comida para levantar el ánimo o comida para calmar los nervios. ¿Se imaginan? Uno tendrá un menú basado en carnes y postres de chocolate, mientras que el otro ostentará suculentas pastas, con riquísimos postres-crema. El primero ofrecerá una variedad de cafés para estimulamos, mientras que el segundo tendrá una excelente carta de vinos para tranquilizar a los ansiosos.

Claro que no todos reaccionamos igual a los mismos estímulos. Yo puedo tomar un café fuerte y dormir como un bebé, mientras hay quienes que, con el mismo café, se quedan despiertos hasta que los pajaritos canten. Como dicen en el campo: "Ca'cual es ca'cual y ca'uno es ca'uno".

 



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