Escribir en la computadora puede tenerun efecto secundario muy molesto: una tremenda contractura en el cuello. Les paso un truquito para aliviarlo.
La humanidad se divide en dos. Por un lado, están aquellos a los que les duele el cuello y toda la zona cervical; y, por el otro, los que sufren dolores de cintura y lumbares. A mi me duele el cuello, tengo la zona cervical toda contracturada y me molesta muchísimo. Buscando maneras de relajar esa zona encontré algo que les cuento más abajo. Pero permítanme que les describa primero cómo es el tema, para ver si a ustedes les pasa lo mismo que a mi.
La computadora. Yo escribo muy rápido, pero con sólo cuatro dedos, y me la paso corrigiendo errores de tipografía porque invariablemente aprieto la tecla equivocada. El problema es que la tecla delete -o suprimir- está mal ubicada en el teclado, ¿se dieron cuenta? Fíjense que siempre está en el extremo superior derecho del teclado. Para llegar a ella y corregir una letra mal tecleada, tengo que estirar la mano derecha (soy diestra) unos diez centímetros aproximadamente. Adivinen quién lleva al dedo índice esos diez centímetros, cada vez, durante dos o tres horas todos los días? ¡El trapecio! El trapecio es un músculo noble, que ayuda a mantener la cabeza erguida, pero tiene un problema: se contractura con facilidad.
Calculen que en dos o tres horas diarias de estar sentados ante la computadora, el trapecio hizo fuerza unas doscientas veces. Si a esto le agregan todas las teclas que están en la parte de arriba del teclado, como los números, el signo de pregunta, los paréntesis, las comillas y el arroba, ¡el trapecio ya se contracturó unas cuatrocientas veces! ¿Qué obtengo después de dos o tres horas de estar escribiendo mails y unas cuatrocientas flexiones de trapecio? Tengo muchos mails enviados… ¡y una terrible contractura!!
Bueno, aquí viene el ejercicio para hacer en casa o en el trabajo que quiero compartir con ustedes. Párense lo más derechos que puedan al lado de un escritorio (en forma perpendicular). Los pies tienen que estar abiertos al ancho de los hombros, la panza bien metida para adentro y los hombros bajos, lo más lejos posible de las orejas. Bien. Ahora se agarran del borde del escritorio con la mano izquierda, palma para adentro, en cucharita. Esto es importante porque nos asegura que vamos a mantener el hombro bajo, o sea que no va a subir acompañando al movimiento. ¿Están? Bien. Ahora, con la mano derecha se agarran la cabeza. La punta de los dedos tiene que cubrir toda la oreja izquierda. Una vez que está bien sujeta, comenzamos a tirar con la mano derecha hacia abajo, o sea hacia el hombro derecho, como si quisieran que la oreja se pegue al hombro. Si están muy contracturados, van a sentir la resistencia del lado opuesto, es decir, la oreja no va a querer bajar y toda esa zona va a estar muy endurecida. No importa. Relajen y vuelvan a intentar. Cuanto más baje la oreja, y cuanto más se acerque al hombro derecho, mas se estirará el cuello y toda la zona izquierda. Repitan este estiramiento tres o cuatro veces. Bien. Una vez que la oreja derecha llegó lo más cerca posible del hombro correspondiente, viene el truquito final. Es fácil: sin cambiar de posición, vayan empujando suavecito la cabeza hacia adelante y en diagonal, tratando de juntar el mentón con el pecho. ¿Sienten que se estira algo? Bueno, eso que se estira es el mismísimo señor trapecio. Ahora que lo conocen, sólo hay que acordarse de mimarlo. Lo más seguido posible.
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